
Nils
Runeberg hubiese tenido un destino insigne en cualquier época, salvo en
la que nació. Borges lo usa y minimiza: sus teorías, dice, son ligeros
ejercicios inútiles de blasfemia. Runeberg postula, primero, que Judas entregó
a Jesús para obligarlo a manifestar su grandeza. Después se refuta: Judas se
supo indigno y buscó el infierno para hacer feliz a su Dios, fue el máximo
asceta. Por último, al fin, Runeberg entiende. Dios se rebajó a ser hombre para
salvarnos y, como hombre, buscó el peor de los pecados: la traición. Dios fue
un hombre infame, Dios no fue Jesús, fue Judas.
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